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Posternak: como la vida misma

 

La narradora y poeta argentina Liliana Aleman acaba de publicar su novela Posternak. La misma había recibido un premio del Fondo Nacional de las Artes en el 2005. El jurado calificador llamó la atención sobre la calidad de una narración articulada sobre un relato sencillo en torno a una cotidianeidad experimentada por muchos. El asunto es el re-encuentro tardío de una chica, Mónica, con su padre, Posternak, y las conflictividades que el mismo genera entre ambos.
La novela es un ejercicio de la memoria. Se trata del recuerdo de un recuerdo con todas las dificultades que esto plantea. La situación evanescente se impone desde el primer párrafo del texto. El tiempo que separó a la hija y al padre los ha convertido en dos extraños. Posternak no se parece al mito fragmentario que Mónica creó alrededor de él. El panorama se complica cuando el mundo que carga su padre, tan distinto del de la joven profesional, se inserta en la vida de Mónica corporizado en la figura de Abigail, la hija mayor del otro matrimonio de Posternak.
Para Mónica, Posternak representa algo así como un camino disyuntivo. Una ruta conduce a la vida del dandy, pretendido artista y confeso anarquista con Elsa, madre de Mónica. La otra al espacio que lo ligó con Abigail, madre de su homónima. La trama de la novela gira en torno a la ansiedad de la hermana paterna Abigail por penetrar y poseer esa parte desconocida de su padre materializada en el mundo de Mónica. La enfermedad y muerte de Posternak, acontecimiento que centra el texto, abrirá una competencia por la heredad del viejo que dejará la situación otra vez en el vacío.
El relato sencillo que juega con las hipocresías, desamores, y ambiciones de todos los días, está estructurado sobre una narratividad compleja. Aleman ha sido capaz de retar al lector para que reconstruya este pequeño conflicto de una familia urbana mediante el acomodo de fragmentos dispersos.
Los bien elaborados cambios de voz narrativa mantienen la atención del lector a través de un texto limpio, bien redactado y sin excesos lingüísticos. Si en "El nombre del padre" vemos todo a través de la voz de Mónica, en "La mujer de enfrente" domina Posternak. El hecho de que el centro de atención de cada personaje sea tan distinto -Mónica gira alrededor de Posternak, Posternak está chiflado por la chica a la que espía por el visor de la puerta-expresa muy bien la incomunicación entre estos dos personajes. La presencia de una serie de pistas muy bien ubicadas, la trágica enfermera Susana por ejemplo, ratifican que se trata del mismo mundo.
En los últimos tramos de la narración un tipo de voz omnisciente va cuadrando la trama apoyada en voces alternas que afirma la complejidad de las impresiones emocionales que genera el conflicto. El cuadro que recoge el lector es el de un realismo emocional enorme y sugerente que lo atrapa desde el primer momento. La novela se construye mediante impresiones que hay que reacomodar una y otra vez. Al final tenemos la sensación de una narración abierta como la vida misma.
Liliana Aleman es una poeta sensitiva. Los lemas que presiden sus capítulos, me refiero a las citas de Sándor Márai, Marguerite Yourcenar, Hermann Hesse, John Berger, hablan de una escritura que, si bien se dispara al mundo de una intimidad bien defendida no se enajena del mundo en el cual se genera. La felicito por este exquisito trabajo y por el regalo de su palabra.

 

 

Mario R. Cancel

Escritor

Profesor de Historia

Conferenciante de Narrativa

Universidad de Puerto Rico

Para Mónica, la mujer que nos cuenta esta historia, Posternak, su padre, es un enigma y un resentimiento.  Un padre sin amor pero presente con el peso de su mal.  Allí parece sellada la clave de un reencuentro improbable, la reconstrucción laboriosa y siempre al borde del fracaso de una lealtad filial y de un secreto terrible.  Si las huellas y el sentido de una vida fugan siempre hacia las sombras del alma, la historia sólo se puede contar desde sus cruces cotidianos y bizarros: las palabras y el sentido están en peligro.  Esta novela lucha contra los disfraces de la mentira y el amor.

Juan Martini

Alguien pareciera suspirar en otro lado.  Y una parte del ruido de este desliz llega hasta nosotros.  Una habitación, una cornisa o la ventana para dejarse asombrar porque en el otro lado "formas se mueven".

Como en un cuadro de Magritte donde los árboles están en el afuera pero también en el vidrio roto, así en los poemas de Liliana Alemán "el mensaje a medias vuelve y cicatriza en el fantasma".

Lo cotidiano de las formas, de los pasos en el aire, de las sombras que espían, invade el deseo o irrumpe furtivo, en una realidad sospechosa para hacernos saber eso que ya estaba y sin embargo manteníamos en la ignorancia: la ficción de los cuerpos revelándose. Desde La habitación, la primera, la que guarda "el hedor de los objetos sin nadie", la visión habría de repartirse entre la mirada y la imagen plural.

Si aparecen ruinas apacibles, mujeres que abarcan el paisaje, limoneros bajo el agua, es imposible ir de prisa, habrá que detenerse en algún lado, mirar, leer.

Susana Szwarc

La Benefactora podría situarse en el género melodramático: dos hermanitos huérfanos, criados en un asilo de niños expósitos, una mujer que adopta a uno de os hermano, la inevitable separación de los chicos, una visitadora social y un par de amores incomprendidos.  Los elementos que caracterizan al género saltan a flor de piel.  Sin embargo, Liliana Alemán, con excepcional maestría, da una vuelta de tuerca a esos elementos.  A partir de lo que podría ser un melodrama tradicional construye una nouvelle bella e inquietante.  Ceferino Alegre (o Víctor, como le han impuesto que debe llamarse) se ocupa de narrar la historia de su vida, lo hace en un medio tono que va de la indiferencia al dolor, y siempre está marcado por la incomprensión y la soledad.  Será difícil olvidar la voz de Ceferino Alegre, su historia, como es difícil abandonar la lectura de "La Benefactora" una vez que entramos en su primer capítulo.

Vicente Battista

" ...Posternak es la historia de una relación de poca conexión entre una hija y su padre, al que conoce recién en la juventud. La protagonista cuenta cómo su padre, que había abandonado a su madre cuando ella era chica, vuelve a vivir con ellas, retomando una relación que jamás pudo digerir. Lo hace con la distancia de quien cuenta la historia de otro, una vida que le es ajena y de la que se deleitan los detalles morbosos, ya que no nos afectan. Posternak parece estar fuera de ella misma.Con la muerte de la madre y la enfermedad del padre, la protagonista se ve envuelta con un mundo de medio parientes que la exaspera. Y cuando encuentra que una de sus hermanastras había usado la vajilla antigua, que su madre solo reservaba para grandes ocasiones, la exasperación se transforma casi en guerra contra esa otra familia que su padre construyó más allá de su propio mundo.Interesante relato de las minucias cotidianas y los celos humanos en los que muchas veces gastamos nuestras vidas."

Sonia Santoro

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